Las Presillas una piscina con aguas del Aguilón

Las Presillas photo

Cuando se acerca el verano, todos los madrileños buscamos el agua como si fuéramos una manada ñus en pleno Serengueti. La cuestión es que habrá quien opte por el deteriorado pantano de San Juan, por las piscinas cloradas de su municipio o por recorrerse una kilometrada hasta la playa, pero unos pocos optarán por acercarse a la sierra madrileña en busca de las Presillas, un área recreativa que aprovecha un remanso, bastante artificial, del río Aguilón para montarse una piscina no muy profunda pero, desde luego, bastante refrescante.

Llegaremos a ella en un autobús de la Continental, que sale desde  Plaza Castilla, o en coche privado. Si elegimos esta opción, tomaremos la A-1, nos desviaremos hacia Loyozuela y seguiremos las indicaciones. Una vez lleguemos, tendremos que decidir entre meter el coche en el aparcamiento, abierto de diez a diez y que cuesta unos cuatro euros, o dejarlo aparcado en el arcén de la carretera, más barato pero menos adecuado.

Estas piscinas naturales cuentan con merenderos, escasos y siempre ocupados, baños, chiringuito, eso sí, una pradera bastante cuidada y una zona de sombra, que también  suele  estar cogida, de manera que es mejor llevarse mantel y sombrilla.

Como hemos dicho, a las Presillas se acude en manada, así que si no os gustan las aglomeraciones, en fin, mejor no acercarse, porque el parking estará lleno bastante antes del mediodía, en la praderita no habrá sitio ni para estirar la toalla, tocará pelearse por un sitio a la sombra… Vamos, que no se trata de un paraíso desierto, al menos, no en fin de semana.

Lo que sí podemos hacer es coger nuestros bártulos y pasar de largo la piscina natural siguiendo el curso del río. No hará falta mucho tiempo para empezar a ver remansos, estos sí que son naturales, donde poder meternos hasta las pantorrillas e incluso nadar como las truchas, o sea, a ras del fondo, porque cubrir no cubre mucho, pero a los madrileños todo nos hace ilusión. Por cierto, en el recinto de las Presillas no se pueden introducir perros, pero remontando el río las prohibiciones desaparecen.